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Tras 57 años de existencia el marxismo cubano ha fracasado y ahora debe afrontar su fracaso |
El
castrismo es un
movimiento ideológico de carácter
antidemocrático cuyos fundamentos ideológicos son el
marxismo representado por
Carlos Marx y el
nacionalismo en su
vertiente cubana representado por su fundador
José Martí desmbocando esta peculiar mezcla entre
marxismo y
nacionalismo en un
modelo específico de
marxismo cubano evidenciado mediante la
ausencia de los
símbolos de las
distintas modalidades mundiales del marxismo en el
imaginario castrista que posee una
cuádruple afirmación: el
culto a la personalidad representado por su fundador
Fidel Castro, el
culto hacia el marxismo representado por
Carlos Marx, el
culto hacia el nacionalismo representado por
José Martí y el
rechazo contra la democracia siendo dicho rechazo el
resultado de la
aplicación práctica de la
dogmática marxista cuyo
utopismo implica la
abolición de los
principios que definen a la
democracia (
elecciones,
pluralismo político,
alternancia) porque su
materialización desemboca en una
nueva sociedad postpolítica o postideológica en la que el
triunfo ideológico da lugar a una
nueva sociedad ideal cuya
afirmación exige la
supresión de modelos ideológicos alternativos dado que para que la victoria marxista sea total la nueva sociedad debe ser totalitaria. Sin embargo el
marxismo cubano se fundamenta en
premisas filosóficas cuya
materialización históricamente se ha demostrado
falsa, por lo que a lo largo de sus
57 años de trayectoria el
marxismo cubano cree haber alcanzado un
estado de cosas que
justifica su
carácter totalitario pero que no se corresponde con la realidad, porque al igual que las
distintas modalidades marxistas conocidas por la historia se ha quedado
muy lejos del
alcance de la
utopía marxista dado que
no ha logrado superar la dialéctica y las
divisiones sociales para
crear una
nueva sociedad total, totalizada y totalitaria. La
conclusión a la que llegamos es que
el marxismo cubano ha fracasado como también lo han hecho las
distintas modalidades que ha dado el mismo como el
marxismo soviético, chino, vietnamita, camboyano... Algunos de ellos no han podido sobrevivir a su fracaso mientras que otros han tenido que gestionarlo mutando en algo completamente distinto. Ahora al
marxismo cubano también le corresponde
gestionar su fracaso cosa que
no parece muy dispuesto a hacer encerrado en su
irreal visión de la realidad. Su
carácter antidemocrático tan sólo reconoce
dos mecanismos de legitimación: la
manifestación y el
derecho de petición. Dada su negativa a asumir y gestionar su fracaso el
marxismo cubano parece estar
condenado a la desaparición, circunstancia que tendrá lugar cuando los cubanos dejen de acudir masivamente a sus concentraciones.
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