Con motivo de la celebración del Día del Trabajo el 1 de mayo de 2000 el recientemente fallecido dictador cubano Fidel Castro formuló su concepto de revolución como una especie de fórmula mágica que constituye su legado para las futuras generaciones de cubanos. La fórmula consiste en lo siguiente:
Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo
Con motivo de la muerte de su fundador el marxismo cubano consideró que había llegado el momento de relegitimarse y lo hizo pidiendo a los cubanos que expresasen su apoyo hacia la continuidad del régimen firmando la fórmula bajo la que Fidel Castro definió al marxismo cubano. Un exámen filosófico de la misma nos lleva a la conclusión de que es una estructura vacía que pretende decirlo todo cuando en realidad no dice nada más allá de la impostura històrica que supone el marxismo cubano.
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